"The one thing I would like to change about Jazz. The solos are stellar, but the applause always ruins my trance. I like to just put the whole thing together, and at the end tear the place down".
Interesante. Me hizo pensar que efectivamente los aplausos pueden ser una interrupción del trance musical en cierto tipo de música. Si hablamos de la cultura del jazz, detrás de estos aplausos, puede que haya admiración genuina, entusiasmo ante una performance que se considera llena de virtud, "virtuosa" (vaya término! será para analizar sus origenes y su relación con la música en un próximo post), un respeto por el protocolo ya establecido en el que uno puede expresar -con el ímpetu de su aplauso, el volumen, la duración- en qué medida la performance del solista fue de su gusto.
Es posible que en una balada por ejemplo el efecto de los aplausos puede ser más evidente: un elemento que perturba la música pura (pensemos que en los recitales de música clásica se mantiene el silencio entre movimientos de una misma pieza, y nadie aplaude hasta el final de la pieza), no solo por cuestiones musicales, sino porque en el contexto calmo, espacioso y reflexivo de la balada de jazz, el aplauso aparece más que nunca como un intruso que nos desconecta de la música y nos regresa a ese mundo terrenal que parece obsesionado con premiar al primero de la clase, por celebrar a la más bella, por encontrar al mejor en algo; en ese contexto el aplauso expresa admiración y aprobación, mas no gratitud, es decir se otorga en función a la consideración -buena o mala- que se tenga del solo y del solista (yo he escuchado aplausos ensordecedores y también aplausos flojos, dados por cortesía o incluso obligación). Es decir, y a esto quería llegar, podría ser que en ese contexto, este tipo de aplauso no sea un gesto de amor ni agradecimiento, sino una transacción, puro y frío negocio del espectáculo.


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